Religión y espiritualidad

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Con increíble fervor y desnudos, millones lavan sus pecados

Hindúes de todo el mundo se sumergen en las aguas de la confluencia de 3 ríos sagrados.

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    Millones de hindúes lavan sus pecados

    El Kumbh Mela atrae a peregrinos de India y el resto del mundo, quienes se sumergen en la confluencia de tres ríos sagrados. (Publicado lunes 4 de febrero de 2019)

    La mayor congregación religiosa del planeta, el Kumbh Mela, alcanzó el lunes su punto álgido con el día más auspicioso para que millones de peregrinos bañen sus pecados en la confluencia de los sagrados ríos Ganges y Yamuna y el mítico río Saraswati, en los márgenes de la ciudad norteña india de Prayagraj.

    En esta ciudad, conocida hasta hace poco como Allahabad, se extiende estos días una interminable urbe paralela de tiendas de campaña habitada por peregrinos hindúes llegados de todas las partes de la India y del extranjero.

    "Todo esto sirve para limpiar en un solo día cualquier tipo de negatividad del cuerpo, y lo hacemos aquí en el Sangam", el área donde confluyen los tres ríos sagrados, explicó a Efe el peregrino Arvind Duwarma, recién salido de su baño ritual y con el pelo aún húmedo.

    Participar en el Kumbh Mela "ayuda a evitar hacer cosas malas que no benefician ni a los humanos ni a la humanidad", afirmó el ingeniero.

    Duwarma llegó al festival solo -sus familiares no son especialmente devotos, explicó-, pero se encontró rodeado de una multitud que luchaba por entrar o salir de las gélidas aguas.

    A la salida es frecuente ver a personas cargadas con garrafas de plástico blanco con agua del río sagrado, que utilizarán en sus rezos al llegar a casa, o a hombres cargando la ropa interior con la que vienen de sumergirse, a la espera de que seque.

    Las autoridades del estado de Uttar Pradesh, donde se encuentra Prayagraj, esperan que 150 millones de personas participen en el evento, que comenzó el 15 de enero y culminará el próximo 4 de marzo.

    La zona del festival se extiende por 23 millas cuadradas para acomodar a peregrinos, turistas y "sadhus" (ascetas hindúes cubiertos de ceniza y largas melenas).

    La presente edición se celebra cada seis años y es conocida como Ardh Kumbh, mientras que una de mayor tamaño tiene lugar cada doce, el Maha Kumbh, que se celebró por última vez en 2013.

    A menos de cuatro meses de que se celebren las elecciones generales del próximo abril, las intenciones del BJP han despertado las suspicacias de partidos de la oposición y analistas.

    Junto a uno de los 22 puentes flotantes instalados especialmente para permitir el paso de peregrinos de una orilla a otra, el juego político preocupa poco a Sharam, de 34 años.

    "Todos los preparativos organizados por el Gobierno están muy bien y estamos disfrutando. Hemos venido en un grupo de ocho y lo estamos pasando genial", afirmó.

    Sharam explicó que, según la leyenda, Prayagraj es uno de los cuatro lugares donde se derramó el néctar de la inmortalidad de un "kumbh" o jarro que se disputaban dioses y demonios, junto con Haridwar, Ujjain y Nashik, que albergan de manera rotatoria la festividad cada cierto número de años.

    Por ello, bañarse en ese lugar durante el Kumbh Mela libera de los pecados acumulados durante toda una vida.

    El Kumbh Mela es también un momento de reunión para los "sadhus", pertenecientes a las 13 "akhara" o secta de ascetas más importantes de la India, que pasan el día meditando y saludando a visitantes a cambio de unas rupias.

    Los más sedientos de atención atraen a la multitud con trucos, como uno cubierto de ceniza que se enrolla con gran seriedad el pene en un bastón, u otro también completamente desnudo que se balancea en un columpio bendiciendo a quien se aproxima.

    En los márgenes del Kumbh se agolpan vendedores de todo tipo, desde los tradicionales puestos de té y comida hasta comercios de mantas y herramientas de cocina, cojines hinchables y verduras.

    As Kumar, un rajastaní de 53 años al frente de una tienda de campaña en la que descansan decenas de peregrinos, no ha venido al festival a vender: dirige un equipo que sirve gratuitamente unas mil comidas al día, una de las actividades de su congregación religiosa.

    "Por la tarde damos miles de tazas de leche (...) aquí atendemos a todo el mundo", explicó sonriente.